Encuentros Internacionales
Enviado por Nicolás Wallas

Siempre me ha cargado manejar en la oscuridad, y más encima si es media noche. Debí salir más temprano de Antofagasta, bueno como sea, pronto llegaré a Calama.

Para los que no sepan, Calama es una ciudad minera del norte de Chile. Me dirijo a ella para revisar que una norma de seguridad ambiental se esté cumpliendo de acuerdo a la ley.

Oh disculpen, todavía no me presento. Mi nombre es Willis Parker, soy Ingeniero Civil. ¿Quieren una descripción física?, bueno: tengo 35 años, mido 1.73 m, actualmente uso bigotes, tez media morena, pelo café, delgado. Como cosa excéntrica les contaré que tengo un tatuaje en el brazo izquierdo. ¿Vicios?, sí uno (en realidad varios) soy un fumador empedernido.

Bienvenidos a Calama, dice el cartel. Ojalá así sea. No conozco la ciudad. Conmigo traigo un mapa donde me especifican como llegar a una residencial, espero que tengan habitaciones.

¡No puede ser!. El recepcionista me dice que no hay cuartos individuales disponibles. Me da como solución, compartir una habitación con un turista argentino. ¡Qué dilema!. Está muy avanzada la noche, no conozco la ciudad, ¿qué hago?.

-Mire ahí viene don Enrique - dice el recepcionista.

Me doy vuelta, ¡y que ven mis ojos!. Un tipo de metro ochenta de estatura, macizo, pelo castaño que le llega hasta los hombros, entre 26 y 30 años, no más. Está decidido, me quedo a alojar en esta residencial.

Enrique Martínez - se presenta el argentino- dirigiéndome su mano en un saludo. Bueno che, si vamos a compartir la recámara, por lo menos conozcámonos.

Yo le tendí mi mano, presentándome. Mientras el recepcionista anotaba mis datos.

El recepcionista, nos condujo hacia la habitación. Él iba adelante conversando con Enrique, el que era muy conversador. Había algo en su forma de expresarse que me recordaba algo. Era una palabra, todas las frases las terminaba diciendo 'comprendés'.

¡Epa!. Ya me acorde. Anoche en el chat había conversado con un tal Carlos, Mendozino, que estaba en el norte de Chile. Su descripción era muy parecida a Enrique. La sola idea de que el argentino podía ser Carlos, me ha calentado.

La habitación esta en un segundo piso. No es muy grande, esta pintada de color verde. Tiene dos camas de una plaza. Menos mal que tiene ventana, por esta se puede ver el techo de un corredor. El baño es bastante espacioso, no hay tina, pero la ducha es un rectángulo de 2 * ½ metro cuadrado.

-¿De qué parte de argentina eres?, le pregunto al argentino.

-De Mendoza che, responde.

Era él sin duda, y sí no, buena suerte para él. Iba a pasar una de sus mejores noches.

El se recostó en su cama y se puso a ver televisión. Yo por mi parte si quería meterlo en mi cama, tenía que acelerar las cosas.

-Voy a darme una ducha, antes de dormir, ¿Te molesta?

No, no para nada che -contesta- hazlo. Cuando llegué tomé una, está rica el agua.

Calló. Me empiezo a desvestir enfrente de él, mostrándole mi estupendo cuerpo, él sólo me mira. Eso sí quedo atónito al ver mi pico en reposo de 8 cm.

Enrique, ¿tú usaste el sobre nombre de Carlos anoche en un chat?- le pregunto. Pero, antes de que responda entro al baño. Eso sí deje la puerta abierta por si acaso se decide a entrar, pero no.

Etapa dos del plan: Salgo del baño con la toalla en la cintura. Él ya se ha acostado, usa una polera de pijama.

Maliciosamente, empiezo a secarme enfrente de él, lo hago lentamente, pasándome la toalla por las piernas, por el pecho, por las bolas. Me tiendo en mi cama, dirigiéndole la palabra: Enrique sé bueno. Tú que estás más cerca del frigobar puedes pasarme una bebida, por favor.

-Si, cómo no, responde.

Se levanta de la cama, o que veo, llevaba puesto un slip tipo zunga, que hace que su culo se vea bello e inmenso. Sus muslos anchos y peludos afloraban excitantemente. Cuando se da vuelta, con la bebida en la mano, mi mirada se fija en su paquete, su miembro exige ser liberado de ese estrecho slip.

Al momento que me pasa la bebida, nuestras manos se rozan, nuestras miradas se juntaron.

-Willis -dijo- te han dicho lo bueno que estas.

-Tu no estas mal tampoco, le respondo.

Si yo era Carlos en el chat -dice- entonces vos debisteis ser Bruce.

-Bueno -contesto- entonces espero que estés tan caliente como anoche. Mientras con la mano le saco el miembro de su slip.

-Eres un buen observador - dijo. Yo jamás me habría dado cuenta.

-Actitudes que he aprendido en la vida - le dije. Mientras me echaba dentro de la boca su pija que ya estaba erecta.

Se la empece a mamar, estaba buena, no era de las mejores que he probado, pero se salvaba. Su prepucio se corría hacia delante o atrás según los movimientos de mi lengua. Mientras tanto, mi mástil de 20 cms se asomaba entre las toallas.

-Uhhhh, uhhhh, que buena esta - comento.

Le agarre su mano y la dirigí hacia mi pico. Tiró las toallas lejos, para luego con sus dedos tocar mi cabezota.

Me levanto, poniéndome de rodillas en la cama. Vamos, sácate la polera -le digo.

Acto consumado. Su pelo del pubis era castaño, llegaba sólo hasta el ombligo. Poseía unas grandes tetillas, pecho ancho, era un perfecto amante.

Se pone al igual que yo en la cama. Nuestras espadas quedaron frente a frente, se golpean. Su pija es de unos 15 cms, con una curvatura hacia la izquierda.
Con su mano me agarra la cara, apretándomela, saliendo mi lengua para afuera. Él también saca la suya, dándonos lengüetazos apasionados.

-Tengo unos condones en el bolso - le digo- deja ir a buscarlos.

Tarde en encontrarlos, Enrique no deja de tocarse la pija en todo momento.

Toma uno, tirándoselo, mientras yo me pongo otro. También tengo este frasquito de lubricante- le comento.

Volviendo a la cama, nos besamos más frenéticamente. Me levanta de las piernas, botándome. Con su lengua empieza a escudriñar mi orificio.

-¡Que lengüetazos me da!. Me recorre toda la raja, lubricándome y abriendo mi esfínter.

Sentado de rodilla en la cama, me dice: -Vamos sentáte acá Willis, ven a probar esta espada.

Pongo varios cojines debajo de mi espalda, y de a poco me voy ensartando esa pija. Los dos nos movemos, él hacia delante y yo hacia atrás. El respaldo de la cama empieza a sonar encontra de la muralla.

-Toc, toc, toc, se escucha. Baja el ritmo - dije- o si no va a venir el recepcionista.

-Si tenes razón -dijo.

Yo ya no me muevo mas, dejando a Enrique todo el trabajo. Que rico, que gozoso. Con mis manos toco mi pecho, mis tetillas diminutas y erectas. -Sigue, sigue....

-Willis no aguanto más me voy a ir cortado, ahhh, aah -dijo Enrique.

-Dura, dura - le dije. En la boca, sácate el condón y deposita el moco en mi boca.

Así fue como ese torrente de leche, empezó a caer en mi boca. Éste tenía las bolas muy llenas, ya que como doce veces salieron los espermios, los que me los trague todos.

Me pongo de espalda de rodillas en la cama, él me toma por detrás, masturbándome con una mano, mientras que con la otra me toca una tetilla.

Me saca el condón, y el torrente de espermios cae encima de las sábanas.

Terminamos dándonos un gran beso.

Al momento fui al baño, me limpio. Busque entre mis cosas un boxer, para luego sentarme en una silla, enfrente de la ventana, a fumar un cigarro.

Enrique al volver del baño se acuesta en su cama.

-¿Estas de turista en Chile?, le pregunto.

-Si -responde. Vine a conocer San Pedro, hermoso. El valle de la Luna, el museo pre colombino, todo es una maravilla.

-¿Quieres un cigarro?, pregunto.

-Bueno- dijo. ¿Y tú que hacés?

Así estuvimos hablando un buen rato. Pero ya es muy tarde, las tres de la mañana. Tengo que trabajar al otro día, es necesario que duerma, aparte que ya tengo mucho sueño. Pongo el despertador a las ocho.

-Ven acuéstate conmigo -dice Enrique. Tú cama esta toda mojada.

-Bueno, pero te advierto que debo dormir -le contesto.

-No te preocupes -dijo Enrique.

Me acosté con él en su cama, apenas cabíamos los dos. Yo estaba muerto de sueño.

Mientras trataba de dormir, empiezo a sentir una mano que me bajaba el boxer y masajeaba mi pene. Enrique quiere más, si que lo deje.

El argentino, empezó a mamar el pico, mientras yo intentaba dormir. Lo último que recuerdo es cuando me fui cortado, de ahí en adelante me quede dormido muy plácidamente.

-Ringgggggggg, sonó el despertador a las ocho. Maldito lo odio.

Me levante lo más calladamente que pude. En el baño me afeite, y tome otra ducha.

Estaba pasándome el jabón por la cintura cuando siento la mano de Enrique por la espalda, tomándome muy firmemente hacía él.

-¿Te vas tan luego?. Primero debemos despedirnos.

-Si tienes razón - le dije- pero, pensaba que estabas dormido. Sería de muy poco caballero si no nos despedimos, antes de que me vaya. Esbozando una sonrisa.

Enrique se agachó, metiéndose mis bolas en su boca. Estas rápidamente se pusieron duras. Garganta profunda le debieran decir a Enrique, se tragó toda mi espada.

-Willis métemelo- dijo- todo lo quiero adentro.

-Como quieras, pero primero debo ir a buscar un condón, le contesto.

Salgo del baño a buscarlo entre mis cosas el condón. Por suerte me quedaba uno.

Cuando vuelvo a la ducha, Enrique esta entero enjabonado, especialmente su trasero. Pone sus manos en la muralla de la regadera, ofreciéndome su ano. Yo agarro mi miembro con la mano, dirigiéndolo hacia él.

Lo paso por toda su hendidura. Una vez que localizo su hoyo, se lo meto hasta el fondo. -Cruccc, suena.

Empiezo a darle tumbos, hacia delante y hacia atrás. Él se toca su pija, la cual no esta erecta.

-Vamos a la cama mejor - digo.

Ahí seguimos en la misma posición, sin el agua que molestaba.

Lo cabalgo a lo perrito, mientras el colchón en la cama se mueve y cruje.

Los dos estamos rojos, me siento un poco mareado, si que bajo el ritmo. Una ves recuperado vuelvo a acelerar, terminando dentro del esfínter de Enrique.

Me siento en la cama, para mirar como Enrique sigue masturbándose, su moco escurre por su mano y las sábanas.

Nuestra despedida había concluido. Vuelvo al baño a terminar de asearme, para luego partir a trabajar.

Nos despedimos con un beso largo. Nos dimos cada uno los e-mail, prometiéndole tal vez una visita a Mendoza.

No puedo concentrarme en el trabajo, estuve caliente pensando en la pija de Enrique toda la tarde. Qué lastima que su avión saliera a las tres.

Cuando volví a Santiago, después de dos semanas. Me dedique a revisar el correo electrónico. Habían muchos mensajes de Enrique, uno de ellos decía esto:

'Te he echado mucho de menos, me he masturbado un montón de veces pensando en ti. Me ha saltado un montón de leche, una chupadita, Enrique.'

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